top of page
Search

Un error...

  • Writer: Zaimeé Bonilla
    Zaimeé Bonilla
  • 2 days ago
  • 4 min read


¿Qué sistema de computadoras a estas alturas del siglo no salva un documento? Yo no me lo inventé; yo lo escribí, una de esas tardes invernales en las que se hace noche desde las cinco, y no vuelves a ver el sol hasta el otro día. Vine a este café, muy conocido en la ciudad, buscando encontrar algo de inspiración divina. Me acuerdo como ahora que de esas casualidades de la vida se desocupó una de las mesas pegadas al cristal, las más cotizadas del local. Sabía que quería escribir una columna, pero no tenía idea de qué. A veces las palabras simplemente no fluyen, así que me quedé sentada en el tan deseado banco, bastante incómodo por cierto, viendo salir y entrar a las personas.


Este lugar, cuyo nombre me reservo por el momento, lleva décadas abierto, y no es para la sorpresa de nadie. Es céntrico, pero a la misma vez no lo es. Ubicado en una esquina dentro de un área residencial, que promueve el movimiento peatonal. La gente camina en las mañanas, en las tardes, en familia, con los perros. Caminan para ejercitarse, pero también para moverse de un lugar a otro, razón por la cual me gusta, pues en esta ciudad mostrarse caminando en la calle es sinónimo de desgracia o mala vida.


Una zona donde convergen estudiantes universitarios, familias predominantemente profesionales, gente mayor, entre otras. Exclusivas residencias que datan fácilmente desde los años 30 del siglo pasado, algunas hermosamente remodeladas, mientras otras resisten el embate de los años. Hay otros negocios en los alrededores, pero el que sobresale, el que mueve las masas, es este café.


Aquella tarde recuerdo, que de tanto entra y sale, se me ocurrió escribir la columna sobre el mismo lugar que me cobijaba. Pensé, si me gusta tanto a mí y a otros, valdría la pena escribir sobre él. Estuve un buen rato tecleando, describiendo cómo es, desde el piso hasta los muebles. Tiene plantas reales, una pared con libros, dos salones pequeños para reuniones y hasta un cómodo sofá. Hay conectores eléctricos en todas las esquinas, sillas para uno, para dos y para muchos más.  El café es tan popular que hasta lo venden en grano, y de la misma forma tienen té. Bebidas de todo tipo, desde café helado hasta chai. También sirven bollería y sandwiches livianos. El WiFi es gratis, y el entretenimiento también.


Escribí también describiendo a las personas que lo frecuentan como estudiantes de la universidad que vienen a reunirse para trabajar, o simplemente para pasar el rato. Vienen grupos de la iglesia a estudiar la biblia, parejas en sus primeras citas, colegas a discutir negocios, gente que viene a simplemente relacionarse con otros, y los que como yo, buscan tener una esquina para no solo disfrutar de su soledad, si no también para hacer o estar. 


Aquel día escribí de todo, pero se me hizo tarde y como siempre, cerré la computadora, recogí mis cosas y me fuí. Volver no fué sencillo, y pasaron los días y las semanas antes de que pudiera tener otro rato para venir. Cuando estaba lista para por fin promocionar el blog de una buena vez, vine al mismo lugar a manera de simbolismo. Ceremoniosamente busqué un buen ¨spot¨, no como el que me ha tocado hoy, y me dispuse a finalizar aquella columna. Entré a la computadora, y para mi desgracia, vestida de sorpresa, el documento no estaba por ninguna parte. Maldije para mis adentros los confines de la tecnología. Maldije también el momento en que decidí que era arcaico escribir en un cuaderno y no en un ordenador. Busqué y busqué, en el ¨Drive¨, en mis archivos del Wix, en la misericordia de los santos tecnológicos, si es que existen, y la columna nunca apareció.


Retrocedí en el tiempo, a mis memorias universitarias, cuando los discos ¨floppy¨ eran lo único para guardar documentos, mientras le rogábamos a Dios que no tuvieran un virus. El que sabe, sabe; aquellas láminas magnéticas de plástico fueron la perdición de muchos, pues eran tan seguros como la muerte. Pensaría que en el año 2026 la tecnología sería mucho más ¨reliable¨ que por allá por el 2000, ¡pero qué equivocada estaba!


Después de pasar mi buena hora pretendiendo saber lo que hacía, hice las paces conmigo misma, y acepté que había perdido. Sólo aquellos que escriben saben la frustración y el coraje que se puede llegar a sentir ante la pérdida de un escrito. Es como un luto inexplicable, como si una parte de ti muriera antes de haber nacido. Y así, vencida y derrotada, cerré mi computadora y me marché.


Hoy regresé al mismo café, el de las ventanas de cristal, los cortados con arte de corazón y nuevas expectativas. Traté de buscar el documento nuevamente, intentando tal vez de alguna forma reivindicar mi error, porque a este punto debo admitir que soy humana, y que en cierta forma también fue mi culpa.


Así como vine en aquella ocasión y las palabras no fluían, hoy llegué con expectativas muy bajas. Sin embargo, los lugares hablan, y este tiene mucho que decir. Acompañada de mi cortado, (lo más que se asemeja a un pocillo de P.R. pero con elevado ¨price tag¨), un ¨scone¨ de manzana y canela, y nuevamente el entra y sale de la gente. Sería una tonta si no aprovechara el momento para escribir de nuevo, total, el papel aguanta todo lo que se le escribe, pero en esta ocasión cerciorándome de haber salvado el documento.

 


 
 
 

Comments

Couldn’t Load Comments
It looks like there was a technical problem. Try reconnecting or refreshing the page.
Join my mailing list

Thanks for submitting!

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

bottom of page