top of page
Search

¿El momento qué?

  • Writer: Zaimeé Bonilla
    Zaimeé Bonilla
  • Apr 29
  • 5 min read



Si esperas a que llegue el momento adecuado te vas a quedar haciendo solo eso, esperando. El momento perfecto no existe, es una especie de excusa existencial para tranquilizar a la persona que verdaderamente somos. Es sólo parte de ese mundo utópico que nos hemos creado para poder sobrevivir los vaivenes de la vida, cuando realmente lo que queremos es tomar el próximo paso.


Y… tomar el próximo paso cuesta, cuesta mucho. Puede costar noches en vela, palabras no dichas, decisiones equivocadas. Cuesta que los años pasen, que las canas se asomen, o que el cabello se caiga. Te pesa porque paralelo a la vida que vives, hay un camino totalmente imaginario que no deja de recordarte, cada que puede, lo que debiste haber hecho. Lo ves, lo escuchas, lo ignoras, como el amigo imaginario que tenías de pequeño que sólo tú veías en aquellas sesiones de juego interminables.


Y hablo totalmente desde la experiencia. No soy ni consejera, ni psicóloga, y mucho menos psiquiatra, profesiones realmente admirables, que dedican sus oídos a personas como nosotros que hemos vivido nuestras vidas esperando ¨la oportunidad perfecta¨. Y mientras me lees sé que estás pensando en ese algo, ese sueño, esa decisión, ese deseo que de tanto esconderlo ya perdió hasta su forma, pero que sigue presente. Que se levanta contigo en las mañanas y te acompaña en el café; que se monta contigo en el carro mientras conduces hasta el trabajo. Te sigue los pasos cuando sales, cuando ves la tele, cuando te miras en el espejo…


Quisieras, a veces con todas las fuerzas, que un día simplemente te despertaras y como por arte de magia desaparezca, pero si sucediera, simplemente dejarías de ser tú. ¿Valdría la pena?¿Te reconocerías?


Me parecen fascinantes las personas, que contra todo pronóstico, se declaran la guerra a sí mismas y logran sobrepasar el ¨momento perfecto¨ porque simplemente actúan. Un día deciden que ya fue suficiente, y dan ese paso que a nosotros tal vez nos ha tomado años. ¡Envidia de la buena! Que esa idea de negocio, ese demo, ese borrador, esa firma, ese viaje, etc… haya tomado forma, y se haya concretizado en lo que tanto anhelabas. Que las horas de trabajo y de sueño no fueron en vano, y que el dinero y el tiempo invertidos hayan merecido la pena.


Pero la realidad para muchos es otra. Allá por el año 2004, cuando Epstein estaba en pleno apogeo secuestrando niñas para sus acaudalados prospectos, una joven yo, decidió que quería ser cantante. Si, así como lo lees. El trabajo de 8 a 5 resultó ser, cómo lo podría decir, no lo que esperaba. Cinco años en la universidad, un bachillerato Magna Cum Laude, y cero ganas de seguir la carrera profesional en aquella dirección. 


Social Media was not a thing. Britney Spears, Paris Hilton y Christina Aguilera estaban en todo su apogeo. Tenías que ser exageradamente flaca para ponerte un low rise jean, con un halter top que luciera unas espléndidas jaboneras. O eras rubia, o no eras nada  En el periódico publicaban anuncios de audiciones, y Operación Triunfo había acaparado toda la atención de Europa y América Latina. Los jóvenes queríamos triunfar y no sabíamos cómo. Estábamos dispuestos a lo que fuera con tal de ser ¨alguien¨. Pero la cosa no era tan fácil…


A pesar de tener el talento para cantar e incluso para escribir canciones, no cumplía con el perfil de mujer que se buscaba. No era ni flaca, ni rubia, ni tenía dinero. You Tube se fundaría en 2005, y no había aún teléfonos inteligentes. ¿Qué nos quedaba por hacer? 


Tomé clases de canto por un año. Me hice una sesión de fotos profesionales y grabé un demo. Realmente quería, pero no sabía, no conocía, no entendía. Las audiciones no eran positivas. Las hice en habitaciones de hotel, en teatros, en casas particulares, y me decían: ¨tienes el talento, pero no eres lo que estamos buscando¨. Pasó un año, y luego el otro y aquello que tanto anhelaba se fue haciendo sal y agua, nunca tomó forma, nunca llegó a nada.


Lo veo ahora con mucha más claridad, pero en aquel momento no fue fácil admitir que por lo que tanto había invertido tiempo, dinero y energía, estaba muy lejos de materializarse. Pude haberlo empujado un poco más; pude haber aceptado alguna de aquellas propuestas que nunca me convencieron del todo, y que sonaban más a ¨peje maruca¨ que a oportunidades reales. ¨Vete a modelar primero, promociona alcohol, déjate ver¨, recomendaciones reales que venían no solo de hombres, si no también de mujeres. No me sobraban ni los consejos ni las sugerencias, pero detrás de cada una de ellas venía el proceso de razonamiento, ¿realmente valía la pena dejar de ser quien yo era para conseguir la fama?¿Hasta qué punto era seguro para mí exponerme de aquella manera?


Las fotos nunca vieron la luz, el demo lo metí en una gaveta y las canciones se fueron olvidando. Ni modelé, ni promocioné alcohol, ni me dejé ver…  La artista con la que tanto soñaba, nunca llegó a ser. Seguí viviendo, viajé, estudié, escribí, me enamoré, y aún así me pregunto si perdí el ¨momento perfecto¨ o aún no ha llegado.


Me he puesto a reflexionar sobre mi pasado ahora que han salido a la luz los expedientes de Jeffrey Epstein. De cómo después de tantos años se conocen las atrocidades a las cuales fueron sometidas tantas chicas, que al igual que yo lo que buscaban era una oportunidad de triunfar. Me pongo a pensar en lo vulnerable que estuve, en las veces que aunque mi instinto me decía una cosa, yo terminaba haciendo la otra. El human trafficking no se conocía como tal, pero sí existía, y hoy es evidente que pude haber sido una más. 


Creo que después de todo no puedo decir que perdí el momento, y más bien que fui de las afortunadas… Me expuse, tengo que admitirlo, y sé que no fuí la única. Que hubo momentos llenos de miedo y de incomodidad en los que me cuestionaba realmente hasta donde debía ser capaz de llegar para lograr lo que tanto quería.


Después de todo entonces, el momento perfecto es relativo. Depende demasiado de las circunstancias que rodean a cada individuo. Está condicionado al esfuerzo, pero eso no lo es todo. El momento adecuado se busca, se trabaja, se crea paso a paso. No llega por arte de magia, ni tampoco por atribución. Obviamente hace 22 años no lo veía de la misma forma, cuando la juventud irradiaba por mis poros y no necesariamente la sabiduría. Hoy no me quita el sueño, y quién sabe si algún día entre página y página aparezca la oportunidad, tal vez no de ser la artista revelación, pero sí de poder cantar frente a un público… quién sabe. 







 
 
 

Comments


Join my mailing list

Thanks for submitting!

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

bottom of page