Cuando no sale nada...

Divaga la mente cuando se trata de empezar una nueva página. La abres, ¨untitled document¨, con las yemas de los dedos recorres el teclado de la computadora como si con ese gesto conjugaras a los espíritus de la Santa Musa, diosa de la inspiración. No, esto no funciona como por arte de magia, pero tampoco requiere una ciencia estratégica. Ayuda un poco el enfoque, pero a veces, aunque haya montones de personas alrededor, es posible producir algo.
Que por qué traigo este tema, porque llevo días sentándome, tratando de completar columnas en inglés, en español, sin tener ningún éxito. Hoy salí del trabajo exhausta y me dirigí al lugar de siempre, sin muchas expectativas de completar nada, pero con el compromiso que llevo desde hace meses de hacer de esto una rutina, si no diaria, por lo menos recurrente.
Me gusta escribir. Siempre lo he disfrutado, creo que mucho más que el ser humano normal. Escribo sobre mis memorias, sobre la cotidianidad de la vida, sobre la levedad que nos caracteriza como especie, entre otras cosas. Tengo, no sé si para bien o para mal, una capacidad de recordar momentos y situaciones con un detalle ridículo. Recuerdo colores, olores, emociones, sensaciones y sonidos como si los hubiera vivido ayer. El asunto es que acumulados en mi cabeza, pueden pasar años en espera de que los ordene y coloque frente a mi. Es ese proceso el que a veces toma más de la cuenta.
Una de las cosas que hago para inspirarme es poder sentarme a observar a las personas. People watching should be a sport! Es increíble cómo podemos ser tan iguales y diferentes a la vez. Pero no es observar a gente que conoces; es literalmente ver la interacción de personas totalmente desconocidas, e imaginarte de dónde vienen, cómo es su vida. Es casi como crear historias solo de ver sus características, sus movimientos, sus manías e incluso hasta lo que traen puesto.
Eso no es lo único que hago para motivarme a escribir, pero lo que me rodea es tan importante como las circunstancias, y en estas pasadas semanas me ha costado más de lo usual llegar a ese punto en el que las ideas simplemente brotan. Trato de no enfocarme en lo que me resta, pero tengo que admitir que este mes de septiembre ha sido de completo ajuste a la rutina del año escolar, y pues he tenido que relegar esta responsabilidad recién adquirida de tener que escribir semanalmente. Que conste que por el momento no me pagan por hacer esto, pero hacia eso vamos.
Entiendo que habrá mejores oportunidades y definitivamente muchas más palabras, pero por el momento soy franca suficiente y expongo una de las realidades a la que nos enfrentamos los escritores: la temida tabla rasa.
Sé que no importa cuántas veces comience una página, siempre habrá palabras disponibles e historias que contar. Estoy llena de tantos momentos, recuerdos, relatos, experiencias, y opiniones, que es imposible dejarlos ahí cuando lo más sensato es ponerlos en frente mío en blanco y negro, no sólo para mi, pero para ustedes.
Hoy me sincero, mañana escribo…




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